jueves, 11 de junio de 2009

Recuerdos

No, no la conocía. Por lo que no puedo saber cómo era físicamente, me la imaginaba como todas las demás gordita, pelo canoso corto… pero esto no importa ahora, el físico qué importa en estas circunstancias. Pero si os puedo contar lo que me han contado de ella.
Era una mujer creyente, sobre todo en la virgen de Rocío, de ahí deriva el nombre de una de sus retoños. Fue… fue una segunda madre, una madre que la crió y educó desde que era pequeña. creció en esos barrios que muchos tienen miedo a pasar por ellos, por la mala fama, pero como siempre son rumores. Mas tú, mi amiga, y ella paseaban no hace mucho tiempo, meses atrás, por aquellas calles con la cabeza bien alta. Ellas no eran las asustadas sino todo lo contrario, eran ellas la que se apoderaban de las calles a su paso, quizás por sus grandes andares, quizás por el pelo rubio que deslumbra de la más joven o quizás porque se podía observar que entre ellas había un gran amor, había una gran unión. Y quizás… por eso en esas calles de Vallecas, que ahora quedan solitarias, eran respetadas y queridas por todos aquellos paseantes del barrio.
Yo no conozco a la mujer que acompaña a la joven rubia, como he dicho anteriormente, pero prácticamente la empecé a conocer por aquello que me había hablado “la rubita”. Cierto es que hace mucho meses me habló de ella. No recuerdo por que salió el tema pero ahí quedó, como un tema de conversación como cualquier otro. Pero desde hace unos meses atrás, me empezó hablar más de esta mujer, me contaba pequeñas anécdotas con una gran sonrisa en la cara, con los ojos brillantes, “nena, pon la radio que quiero escuchar la misa”. La rubia se reía, cuando la empezó a explicar el significado de cada bola del Rosario, me decía la joven, “no recuerdo ningún significado, de ninguna bola, que jaleo se traen estos religiosos”. Después de una gran carcajada por parte de las dos, ella seguía hablándome de ella, solo los ojos se le entristecían y se ponían rojos cuando recordaba la realidad.
La anciana, lucho, lucho, lucho todo lo que pudo, no quería abandonar a la familia, no quería separarse de la joven rubia; pero en el fondo del corazón ella quería descansar, quería que su familia también descansara. Ella desde ahí arriba les observa y ve que siguen sin descansa. coge su rosario y reza, reza para que ellos descansen duerman y sean felices como ella lo fue.
La joven rubia, aquel día tuvo un presentimiento y rompió las reglas de su rutina, la agarro, quería llevarse con ella un poco de su alma, por si en el otro lado se olvidan los recuerdos, no quiere olvidar jamás a la joven rubia.
Ahora mira para atrás, ha empezado desde la actualidad bailando en esa sala gris y fría, desde que te vio por primera vez. En este momento, te toca a ti hacer lo mismo…